Él y yo éramos como una maldición, éramos esa mirada llena de pasión, esa sonrisa, esos ojos hundidos, ese fuego que parecía no apagarse nunca y encenderse cada vez más en cada encuentro.

Él era esa adicción incontrolable, peor que cualquier droga, directamente dañaba al alma y no se podía curar.

Era un todo insaciable, era frénetico, deseable, incontrolable, eran ganas de llorar y de hundirme entre sus dedos, meterme en su piel quemada, la sensación de querer decir no pero todo mi yo gritar si.

Era una llama, tan ardiente como peligrosa.

Él era algo indescriptible, algo que solo se vive una vez, algo que siempre recuerdas, que jamás, en años y más años se olvida...

Él lo fue todo, pasión y amor, amor del que duele, amor que cicatriza, y ahora...ahora es un fuego apagado, una lágrima en el recuerdo y mil por qués.

Algo que se queda siempre en el corazón.Tatuaje de alma, sin curación.