Adoro mi soledad, a veces la adoro tanto que perderla me supone estar peor que sin ella.

No me apetece lamentarme, ni decirme, ni llorar, sólo quiero estar sola, conmigo misma y sin nadie.

Empiezan a parecer enfermizas estas necesidades, yo misma me hago cargo, pero no puedo obligarme a hacer algo que no me apetece, la vida ya la imaginé así, sola, sola y sola, tal vez es como quiera estar siempre, siempre sola...

Tal vez el mundo cambie, será así, mi vida mañana será diferente a la de hoy, pero echo de menos esos momentos tan mios que ni sola encuentro, esos momentos en los que me perdía y me volvía a encontrar, así me sentía y me renovaba, ahora donde están?

En la penumbra acabo llorando, esta soledad es de pega, necesito menos dosis de realidad.